En un deporte que ha evolucionado hacia el triple y el aro, existe una jugada que ninguna tendencia analítica ha podido eliminar: el tiro en suspensión desde media distancia. Lo intentaron. Los números decían que era ineficiente. Y aun así, las mejores anotadoras de la liga lo siguen usando. Por algo será.

La lógica detrás del "mal tiro"

El movimiento anti-midrange llegó de la NBA hace una década: si el triple vale 1.5 veces más que el doble, y los porcentajes desde el perímetro son razonablemente buenos, el tiro de media distancia es matemáticamente inferior. La lógica es correcta para el jugador promedio.

Pero existe una categoría de jugadoras para las que esa lógica no aplica: las que convierten el mid-range al 52% o más. Para ellas, el "mal tiro" estadístico es en realidad más eficiente que un triple promedio de la liga. El problema es que esas jugadoras son muy pocas. En la WNBA 2026, se pueden contar con los dedos de una mano.

Las que lo usan bien

A'ja Wilson convierte desde media distancia al 54%. Breanna Stewart al 49%. Alyssa Thomas, en un rol diferente, al 51% en situaciones específicas de poste medio. Para estas tres, el mid-range no es un capricho ni un residuo de un baloncesto viejo: es una ventaja real, cuantificable, que las defensas no pueden eliminar sin conceder algo peor.

Por qué es indefendible cuando se ejecuta bien

El tiro en suspensión de calidad es indefendible por una razón simple: requiere que la defensora esté en el lugar correcto en el momento exacto, sin que le lleguen ni el pase ni el bloqueo previo. Si la atacante tiene buena mecánica y la ejecución es limpia, no hay posición defensiva que lo niegue completamente. Solo se puede dificultar. Y para jugadoras como Wilson, dificultar no es suficiente.

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