Hace cinco años, hablar de zona 2-3 en el baloncesto profesional femenino era casi una provocación táctica. Era la defensa de los equipos que no tenían talento individual suficiente para defender hombre a hombre. Era, en el lenguaje no escrito del análisis moderno, un signo de debilidad. Las New York Liberty de 2026 están en el proceso de cambiar esa percepción de forma violenta.

Por qué funciona ahora

La zona 2-3 clásica tiene una debilidad conocida: los tiros desde las esquinas y el punto de ataque desde la línea de tres. Las Liberty la han modificado de forma que la línea de dos se rompe más arriba —casi hasta el perímetro— para presionar a la base rival antes de que pueda iniciar. Esto fuerza pases laterales hacia zonas donde la rotación ya está esperando.

El resultado es una defensa que parece pasiva desde las gradas pero que en realidad está controlando activamente el flujo del ataque rival. En tres partidos recientes donde han usado este sistema más de 15 posesiones consecutivas, las Liberty han ganado por 20, 18 y 14 puntos respectivamente.

El factor Breanna

Lo que permite que esta zona funcione a nivel de élite es la presencia de Breanna Stewart en la parte alta de la línea de dos. Su envergadura, su anticipación y su capacidad para recuperar cuando la pelota sale hacia el corner hacen que la zona no tenga los agujeros habituales. Las rivales llegan con el plan de atacar las esquinas. Breanna cierra el ángulo antes de que el pase llegue.

Sabrina Ionescu lo explica sin rodeos: "Cuando ves zona, pensás que podés atacarla. Pero no es la zona de hace diez años. Esta tiene dientes."

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