El túnel es moda. Pero el uniforme, esa prenda reglamentaria que todas llevan igual, también es una declaración. En 2026, las jugadoras de la WNBA han encontrado formas de convertir incluso el equipo estándar en un espacio de expresión. Los detalles importan, y hay quienes los leen.

Las medias como lienzo

Desde que la liga flexibilizó las normas sobre medias en 2024, el calcetín se convirtió en el elemento más personalizado del uniforme. Medias con patrones geométricos, con mensajes bordados en el elástico, con colores que no corresponden exactamente al pantone oficial del equipo. Cada temporada, algún departamento de marketing de franquicia intenta estandarizar. Cada temporada, las jugadoras encuentran la forma de diferenciarse dentro del reglamento.

Los accesorios permitidos

Las cintas de pelo, las muñequeras, las rodilleras: todo comunica. Ionescu lleva siempre una cinta blanca, sin excepción, desde su primer año profesional. Reese alterna colores que frecuentemente anticipan el look del túnel del partido siguiente —una forma de crear continuidad visual entre dentro y fuera de la pista que ningún departamento de comunicación habría diseñado mejor. Cameron Brink tiene un acuerdo no oficial con una marca de rodilleras minimalistas que ha generado más búsquedas en Google que algunos de sus patrocinadores formales.

Lo que no se puede cambiar y cómo se transforma igual

El número, el color, el corte: eso es fijo. Pero la forma en que una jugadora lleva la camiseta —metida, semimetida, con el cuello ajustado o caído— ya es información. El cuerpo dentro del uniforme es siempre un argumento. En la WNBA de 2026, las jugadoras lo saben y lo usan.

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