Cuando las Wings seleccionaron a Paige Bueckers con el primer pick del draft, Dallas no solo eligió a una jugadora. Eligió un proyecto cultural. Cuatro años de hype acumulado en UConn, un roster construido parcialmente pensando en su llegada, y un pabellón que había vendido un 40% más de abonos que el año anterior solo por la posibilidad de que ella estuviera en pista.

El debut fue exactamente lo que esperabas si sos fan. Y exactamente lo que esperabas si sos escéptico. Todo al mismo tiempo.

Lo que vimos

Las buenas: su lectura del juego es de veterana. Dos asistencias de primer cuarto que son passes que la mayoría de bases de segundo año ni consideraría. Un triple en el cuarto final que silenció al público visitante exactamente cuando lo necesitaba. 18 puntos, 7 asistencias, más rebotes de los que su posición sugiere.

Las no tan buenas: cinco pérdidas de balón revelaron la transición entre el ritmo universitario y el profesional. Las defensas de la WNBA son más físicas, más largas, más rápidas para cortar los carriles. Bueckers lo sabe. Lleva semanas ajustando.

La perspectiva

Ninguna jugadora llega perfecta. El debut de Bueckers fue el de alguien con talento real que todavía está calibrando el nivel. Lo que diferencia a las grandes es la velocidad de esa calibración. Dallas está apostando a que la de Paige será rápida.

Ella misma lo dice sin rodeos: "No vine aquí a tener una buena temporada de rookie. Vine a ganar el campeonato. Sé que eso lleva tiempo. Pero también sé para qué juego."

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