Mayo marcó un punto de inflexión en la estética del túnel de la WNBA. Si marzo y abril fueron meses de experimentación —algún look arriesgado que no terminó de funcionar, algunas apuestas seguras que pasaron sin pena ni gloria— mayo fue el mes en que todo se asentó en algo con forma de tendencia.

Tailoring relajado

La chaqueta oversized sobre pantalón ancho fue, con diferencia, la combinación más repetida. No el traje ceñido de oficina: el traje que parece prestado de alguien dos tallas más grande, con solapa ancha, sin botones, sobre camiseta básica o directamente sobre piel. Tres colores dominaron: camel, gris antracita y blanco óptico. Ionescu, Collier y DiJonai Carrington lo llevaron en versiones distintas. La tendencia está, oficialmente, instalada.

Accesorios statement

El accesorio como protagonista, no como complemento. Gafas de sol con montura arquitectónica, bolsos micro de casas de lujo que caben en la palma de la mano, cinturones anchos sobre prendas que no los "necesitan". La lógica es la misma que en el lujo de siempre: el accesorio dice quién sos cuando la ropa decide callarse.

Denim de calidad

El denim volvió. No el denim fast fashion, sino el denim con peso: japonés, selvedge, lavados específicos. Angel Reese llegó un jueves con unos Levi's 501 de 1992 originales que consiguió en un vintage de Chicago. El internet la buscó durante horas para identificarlos. Lo que transmitía no era "esto es caro". Era "yo sé buscar". En 2026, esa diferencia es todo.

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