Hay jugadoras que alcanzan la cima y la mantienen. Y hay jugadoras que alcanzan la cima, descienden por una lesión o una crisis, y suben de nuevo siendo algo distinto, algo mejor en algunos aspectos, más completo en todos. Breanna Stewart pertenece a la segunda categoría, y eso la hace más interesante que cualquier estadística.
La ruptura del tendón de Aquiles
En 2019, Stewart sufrió la lesión más temida en el deporte: la rotura del tendón de Aquiles durante un partido de la Euroliga. Tenía 24 años, acababa de ganar su segundo título de la WNBA y era, sin discusión, la mejor jugadora del mundo. Los que la conocían bien dijeron que volvería. Los optimistas decían que volvería parecida. Nadie anticipó que volvería mejor.
La jugadora que surgió de la rehabilitación
La Stewart posterior a la lesión es más inteligente con su cuerpo. Usa menos explosión vertical de la necesaria, lo que ha extendido su carrera de forma notable. Ha desarrollado un poste bajo que antes no existía en su repertorio porque no lo necesitaba. Y ha añadido una lectura táctica que solo se adquiere cuando pasás un año mirando el juego desde fuera, sin poder participar, con tiempo para pensar.
En New York ha encontrado el contexto perfecto: un equipo que no depende de ella para todo, lo que le permite ser determinante cuando importa sin acumular el desgaste de cargar el ataque completa. Eso, a los 31 años, es exactamente lo que necesita.
Lo que viene
Stewart tiene contrato hasta 2027 y, según su entrenador, no ha mostrado señales de desaceleración física. En la WNBA, donde las carreras son más largas que en la NBA gracias a la menor demanda física del juego, eso significa que probablemente le queden cuatro o cinco temporadas de nivel élite. La pregunta no es cuánto tiempo seguirá. Es cuántos títulos más puede ganar.
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