Hay una tendencia que lleva dos temporadas instalada en el túnel de la WNBA y que no muestra señales de desaceleración: la joyería de oro como elemento definitorio del look pre-partido. No el oro discreto de una cadena fina. El oro que se ve desde las gradas.

La cadena como declaración

A'ja Wilson fue una de las primeras en llegar al túnel con cadenas de eslabón grueso que se imponían sobre cualquier otra pieza. Lo que en otro contexto podría parecer excesivo, en el marco de su imagen total —enorme, dominante, elegante— funciona como extensión natural. Las cadenas no están ahí para complementar. Están ahí para establecer.

Los aros como lenguaje

Los aros grandes —de 5 centímetros o más— se han convertido en una firma que varias jugadoras comparten sin haberlo coordinado. Angel Reese los lleva en casi todos sus looks del túnel. Jonquel Jones apareció en tres partidos seguidos con el mismo par de aros de oro mate que generó más preguntas de identificación en su Instagram que cualquier prenda de ropa.

Por qué el oro y no la plata

La preferencia por el oro sobre la plata en los túneles de la WNBA no es aleatoria. El oro es más cálido, funciona mejor sobre las distintas tonalidades de piel presentes en el roster, y tiene una historia cultural más rica en los referentes estéticos de las jugadoras. La plata existe, pero es minoría. El oro es, en este momento, el metal del básquet femenino.

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